El 68 % de las fugas de datos ocurre desde adentro: ¿qué tan seguros están los datos que tu institución custodia?

No siempre es un hacker en la oscuridad. A veces es un correo enviado al destinatario equivocado. Un USB conectado sin permiso. Un archivo subido a una cuenta personal. Basta un segundo para desencadenar una crisis de millones.

Un funcionario reenvía, sin mala intención, un informe con datos de 10.000 ciudadanos a un correo externo. Otro copia una base de datos a su portátil para trabajar desde casa. Un tercero imprime un listado de beneficiarios y lo deja olvidado en la impresora. Tres acciones cotidianas. Tres brechas de seguridad. Y ninguna de las tres habría ocurrido con un sistema de Prevención de Pérdida de Datos (DLP) activo. Lo que no ves es exactamente lo que puede destruir la reputación de tu entidad.

La amenaza vive en tu propio edificio
El imaginario colectivo sitúa al atacante frente a una pantalla negra, al otro lado del mundo. La realidad es más incómoda: según el Verizon Data Breach Investigations Report 2024, el 68% de todas las brechas de datos involucra el factor humano errores, negligencia o abuso interno, y solo una fracción responde a ataques puramente externos.
El Ponemon Institute calcula que un incidente originado por una amenaza interna cuesta en promedio USD 16,2 millones y tarda 85 días solo en ser contenido. En ese lapso, la información de los ciudadanos que tu institución protege puede haber viajado a decenas de manos no autorizadas. La peor parte: la mayoría de los responsables no actuaron con malicia. Simplemente nadie les impidió hacerlo.

El precio de una fuga: más de lo que cualquier presupuesto puede absorber

Caso Ecuador, 2019: una base de datos con información de casi 20 millones de ecuatorianos, incluyendo menores de edad y personas fallecidas, quedó expuesta en un servidor mal configurado. Nombres, cédulas, fechas de nacimiento y datos financieros circularon sin control. Esa imagen de negligencia institucional tarda décadas en borrarse.

Si eso ocurrió, la pregunta no es si puede volver a pasar, sino cuándo. Y los números globales ponen la magnitud en perspectiva: el IBM Cost of a Data Breach Report 2024 revela un costo promedio de USD 4,88 millones por incidente, un récord histórico, con un tiempo de detección y contención de 258 días en promedio. Cada uno de esos días suma costos forenses, asesoría legal, comunicación de crisis y remediación técnica.
Pero hay daños que no aparecen en las facturas:

  • Pérdida de contratos y financiamiento: organismos internacionales y contrapartes privadas suspenden la relación con entidades que no demuestran controles de seguridad.
  • Daño reputacional irreversible: los ciudadanos no olvidan. Una institución que expone sus datos pierde legitimidad pública.
  • Costo político: los directivos y autoridades enfrentan escrutinio legislativo, mediático y ciudadano con consecuencias directas en sus carreras.

La Superintendencia ya está mirando: tu cumplimiento importa ahora
La Ley Orgánica de Protección de Datos Personales (LOPDP) no es una promesa a futuro: su régimen sancionatorio está vigente desde mayo de 2023 y la Superintendencia de Protección de Datos Personales tiene mandato legal para auditar, sancionar y exigir rendición de cuentas a cualquier institución pública.
Las obligaciones son concretas y no admiten interpretación laxa:

  • Implementar medidas técnicas y organizativas adecuadas al nivel de riesgo de los datos tratados.
  • Notificar cualquier vulneración a la Superintendencia y a los titulares cuando corresponda dentro de los plazos definidos por la ley.
  • Demostrar el cumplimiento de forma activa mediante el principio de responsabilidad proactiva (accountability). No basta cumplir: hay que poder probarlo.

Las consecuencias son distintas según el tipo de organización: para empresas privadas, las multas escalan entre el 0,1 % y el 1 % del volumen de negocio. Para las entidades del sector público, el peso recae directamente sobre los servidores responsables: sanciones administrativas y destitución bajo la LOSEP. Sin un DLP que genere trazabilidad y evidencia, probar ese cumplimiento ante la autoridad es, sencillamente, imposible.

DLP: la tecnología que ve lo que nadie más vigila
Un sistema de DLP opera en los tres momentos críticos donde los datos son vulnerables, aplicando políticas automáticas y generando evidencia auditable en cada uno:

  • Datos en reposo: protege la información almacenada en servidores, bases de datos y equipos de la institución.
  • Datos en tránsito: controla y bloquea envíos no autorizados por correo electrónico, mensajería o transferencias externas.
  • Datos en uso: el punto más ignorado: detecta y detiene copias a USB, subidas a la nube personal e impresiones fuera de protocolo.

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Conclusiones
El DLP no es un lujo reservado para grandes corporaciones. Es la respuesta directa a tres verdades que las instituciones públicas del Ecuador no pueden ignorar: el riesgo viene de adentro, el costo de una fuga, USD 4,88 millones en promedio y 258 días de exposición, supera con creces cualquier inversión preventiva, y la LOPDP exige evidencia de protección, no buenas intenciones. Cada día sin DLP es un día con datos expuestos, responsabilidades sin cubrir y, para los funcionarios a cargo, una destitución bajo la LOSEP como riesgo real. La única pregunta real es cuánto estás dispuesto a perder antes de actuar.

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