El lavado de activos no es un problema “de Cumplimiento”. Es un riesgo directo para el negocio: reputación, sanciones, pérdidas y confianza del mercado. Y las cifras explican por qué: la ONU estima que, cada año, se lava entre 2% y 5% del PIB mundial, es decir, entre USD 800.000 millones y USD 2 billones. Lo más duro es que, a escala global, se recupera menos del 1% de esos flujos ilícitos.
Con ese contexto, el reto para una entidad financiera o institución del estado es claro: el lavado no se detecta con una regla suelta, porque los delincuentes operan como redes, se adaptan y “camuflan” sus movimientos. La salida es pasar de “ver transacciones” a entender historias: quién, desde dónde, con qué patrón, y cómo se conecta con otros actores.
En Gruppo Avanti, apoyados en nuestra suite de ciberseguridad y AML (Anti Money Laundering), trabajamos bajo un principio muy simple: “Confiar, pero verificar en cada interacción”, con detección integral desde múltiples perspectivas. En otras palabras: juntamos señales que normalmente están separadas (canales, comportamiento, contexto digital y transacciones)
De alertas sueltas a rutas trazables: el lavado es un recorrido, no un evento
Una transferencia aislada puede verse normal. El lavado aparece cuando miras la secuencia completa: fraccionamiento, capas de movimientos, triangulación entre cuentas, dispersión y reconcentración. Por eso, lo importante no es solo “marcar” una operación, sino responder preguntas como:
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- ¿Este movimiento es consistente con el historial del cliente?
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- ¿Hay una cadena de transferencias que intenta perder trazabilidad?
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- ¿Existen intermediarios que se repiten como “puentes” entre varios casos?
Aquí, la suite ayuda a reconstruir la ruta del dinero y poner foco donde duele: nodos clave (cuentas concentradoras), pasos repetidos (el mismo guión con diferentes nombres) y saltos rápidos entre cuentas. El resultado práctico es que el equipo deja de perseguir pistas sueltas y pasa a trabajar con un mapa claro del caso.
Comportamiento anómalo: cuando algo “no cuadra”, aunque el monto sea pequeño
El lavador moderno evita lo obvio. En lugar de un monto grande, usa muchos pequeños. En vez de una sola cuenta, usa varias. Y en vez de un solo canal, mezcla canales.
Por eso, una señal potente no es solo el valor de la transacción, sino el comportamiento alrededor, por ejemplo:
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- Ritmo inusual (muchas operaciones en minutos u horas).
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- Beneficiarios nuevos en volumen o frecuencia que no es normal.
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- Operaciones en horarios atípicos para ese cliente o segmento.
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- Patrones repetidos: entra dinero, se mueve rápido, sale sin una lógica económica.
Nuestra suite combina estas señales con contexto digital para que el “análisis” no dependa solo de intuición. En la práctica, esto trae una ganancia enorme para la operación: menos falsas alarmas y más casos relevantes para investigar.
La identidad también lava: cerrar puertas antes de que la ruta empiece
Muchas rutas de lavado se sostienen sobre un punto de partida frágil: identidades falsas, identidades sintéticas o cuentas comprometidas. Si una red logra abrir cuentas con datos dudosos (o toma control de cuentas reales), el “camino” para mover dinero ilícito se vuelve más fácil y más rápido.
Aquí es donde la prevención moderna se vuelve integral: no basta con mirar transacciones al final. Hay que vigilar el ciclo completo del usuario y su contexto digital. En nuestra suite esto se sostiene en “múltiples perspectivas” (no una sola señal), incluyendo motores de dispositivo, localización, biometría y comportamiento. Traducido a negocio: si el sistema detecta que la forma de operar “no pertenece” al cliente real puede elevar controles antes de que el dinero se mueva por capas y se vuelva difícil de rastrear.
De la alerta a la acción: frenar el riesgo sin frenar el flujo
Una institución necesita tres cosas: decidir rápido, no perder clientes buenos, y poder explicar por qué se actuó. Por eso, el valor real está en convertir riesgo en acciones simples y proporcionales.
Un “semáforo” de riesgo para priorizar
En lugar de saturar al equipo con cientos de alertas iguales, se produce una puntuación de riesgo/fraude:
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- Bajo riesgo: fluye.
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- Riesgo medio: controles adicionales.
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- Alto riesgo: se contiene y se revisa.
El lavado no se combate con una sola regla, ni con más alertas. Se combate con visibilidad y trazabilidad: Cuando conectas comportamiento, contexto digital e información transaccional, el lavado deja de esconderse “entre sistemas” y se vuelve gestionable: menos pérdidas, menos exposición reputacional y una operación de cumplimiento más eficiente.
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